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Un Super Bowl histórico: Seahawks campeones, Bad Bunny en el medio tiempo y millones de miradas en todo el mundo

Feb 09 / 2026

El Super Bowl LX quedará grabado como uno de esos eventos que trascienden al deporte y se convierten en fenómeno global. El 8 de febrero de 2026, en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, los Seattle Seahawks se coronaron campeones con una victoria contundente de 29-13 sobre los New England Patriots, apoyados en una defensa dominante que marcó el ritmo del partido y en una actuación destacada del corredor Kenneth Walker III, elegido Jugador Más Valioso del encuentro.

Pero más allá de la cancha, el Super Bowl volvió a demostrar por qué sigue siendo mucho más que un juego: es espectáculo, cultura, cifras millonarias y conversación social. La audiencia rompió expectativas con más de 115 millones de televidentes solo en Estados Unidos y un impacto global que sigue creciendo edición tras edición. Millones de personas alrededor del mundo se detuvieron ante la pantalla para vivir cada jugada, cada comercial y cada momento del escenario central del fútbol americano.

Y como es tradición, el show de medio tiempo se volvió uno de los momentos más comentados. Bad Bunny, el artista puertorriqueño nominado y ganador reciente del Grammy por Álbum del Año, encabezó el Apple Music Super Bowl LX Halftime Show con una presentación casi íntegramente en español, acompañado de invitados como Lady Gaga y Ricky Martin, y llevando ritmos latinos y energía a un escenario que fue visto por millones.

La reacción fue instantánea. En Puerto Rico y entre comunidades latinas en Estados Unidos, la actuación fue celebrada como un momento de orgullo y representación cultural, con miles de personas destacando que fue la primera vez que el espectáculo de medio tiempo fue liderado de manera tan marcada por un artista latino en español.

Pero no faltaron voces encontradas. El expresidente Donald Trump criticó duramente la presentación de Bad Bunny en sus redes, calificándola como “absolutamente terrible” y “una de las peores jamás vistas”, argumentando que no representaba lo que él consideraba valores estadounidenses. Sus palabras encendieron un debate político sobre la presencia de mensajes culturales y sociales en eventos masivos.

Económicamente, el Super Bowl sigue siendo una máquina de impacto. El evento genera una derrama que supera los 1,300 millones de dólares en la ciudad sede por concepto de turismo, publicidad, mercancía y servicios asociados, y los anuncios de 30 segundos en el intermedio alcanzan cifras promedio de 7 millones de dólares cada uno, reflejando el enorme valor comercial que tiene para marcas de todo tipo.

En redes sociales y plataformas digitales, las conversaciones sobre el partido, el espectáculo de medio tiempo y las reacciones políticas dominaron las tendencias globales por días, demostrando que el Super Bowl funciona como un termómetro cultural tanto como deportivo.

Al final, mientras los Seattle Seahawks celebraban su trofeo y el cielo de Santa Clara se iluminaba con fuegos artificiales, quedó claro que esta edición del Super Bowl no solo fue una competencia atlética, sino también un reflejo de cómo el deporte, la cultura y la sociedad se entrelazan en un espectáculo que trasciende fronteras.

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